“¿Por qué escribes frases en inglés?”

Robin in love 2“¿Por qué escribes frases en inglés?” es una pregunta que me han formulado en varias ocasiones. No sé muy bien por qué, pero cuando comencé a crear con guijarros, completaba mis obras con mensajes manuscritos generalmente en inglés. Puede que sea porque de adolescente me harté de escuchar canciones de Bon Jovi, Oasis, The Corrs o No Doubt. También ha podido influir la inmersión lingüística que hice en mis últimos años de veinteañera. Quién sabe. Lo cierto es que siempre me ha gustado la expresión y sonoridad de este idioma. Además, opino que algunos conceptos se transmiten mejor en la lengua de Shakespeare que en la de Cervantes.

Lo que más me gusta del inglés es la gran puerta que me ha abierto al mundo. Me ha dotado de una mayor libertad para viajar, para atreverme a perderme sin miedo a preguntar por el camino de nuevo. Me ha otorgado una gran autonomía. Me ha dado la oportunidad de estudiar en el extranjero y de sentirme un bicho raro en el aula. Me ha regalado más amistades y la capacidad de comunicarme con más personas que me han enseñado otras formas de pensar, nuevos conceptos y expresiones para transmitir las emociones. Este idioma me ha servido para enamorarme de otras culturas e, incluso, para comprender mejor la vida y darme cuenta de que tenemos un gran denominador común: el amor.

No es de extrañar que Carlomagno dijera que hablar otra lengua era como tener una segunda alma, porque cuando aprendes otro idioma y eres capaz de comunicarte de forma fluida, descubres que ya no eres la misma persona de antes, sino alguien capaz de entender mejor otras culturas, otros puntos de vista. Así, te enriqueces. Te vuelves más tolerante. Tu mentalidad es más abierta y ya no utilizas tan a la ligera esos prejuicios que creías que te servían para explicar esa parte del mundo que desconocías. Ahora, tratas de rechazarlos porque sabes que son ideas preconcebidas. Ya no te sirven gracias a la perspectiva y conocimiento que has adquirido. Además, sientes que vives más intensamente, has logrado esa “segunda alma” que te aporta sabiduría y valor.

Ojalá todo el mundo hablara más idiomas y atesorara cada matiz y concepto de las nuevas lenguas que aprenda. Seguro que, de este modo, se evitarían episodios racistas tan desagradables como el protagonizado hace unos días por el abogado estadounidense Aaron Schlossberg, quien se molestó por escuchar hablar en español al personal y a los clientes de un restaurante de Manhattan. Al final, el karma ha hecho su trabajo y todos sus insultos y amenazas se han vuelto en su contra. Sin embargo, en lugar de alegrarme por ello, siento lástima por él. Es una pena que existan personas tan enfocadas en hacer crecer su cuenta corriente que se olviden de enriquecer su alma.

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