En recuerdo a una linda florecilla

maripaz

Me han dicho que hoy te has ido. Que tu voz ya no sonará alegre y esperanzadora. Que tus brazos ya no abrazarán con amor y fuerza. Que has cerrado los ojos para no abrirlos más.

El cáncer de mama entró en tu vida hace unos años. Se aferró con garras y dientes a tu cuerpo. Al principio, te llenaste de rabia, dolor y tristeza. El mundo te pareció injusto y no comprendías por qué te había tocado vivir ese calvario siendo además tan joven. Tu vida se detuvo y te encontraste sin rumbo, perdida, sin saber qué hacer, a dónde ir, ni qué dirección tomar.

Empezaste a ir a sesiones de meditación. El ritmo frenético que habías llevado hasta ahora no te había permitido parar a escuchar tu interior, ni a valorar qué merecía la pena cargar a tus espaldas. Poco a poco, fuiste entrando en un estado de paz contigo misma, a escucharte, a descubrir qué cosas y situaciones te dañaban. Fuiste desprendiéndote de todo eso que no te hacía bien, como tratar de ser esa superwoman que creías que debías ser. Aprendiste a aceptar tu enfermedad y a experimentar la gratitud, la cual se convirtió en una constante en tu día a día. Te permitiste ser auténtica y fiel a ti misma. Pasaste de juzgarte a aplaudirte por cada logro que conseguías, a ser tu mejor amiga. Recorriste un gran camino que te transformó y te aportó felicidad y paz. Terminaste por llevar el control y decidir lo que querías. Volviste a ser como una niña que tan sólo quería disfrutar de la vida, hacer lo que te hiciera feliz, decidir con quién querías pasar tu tiempo y a evitar lo que no te hacía bien. Te convertiste en un ser libre que brillaba con una gran luz.

Me siento feliz y agradecida por haber tenido la oportunidad de conocerte y siempre te recordaré con muchísimo cariño. Quedé impactada el mismo día que te conocí. Nunca antes había coincidido con alguien con tanta alegría por vivir. Me regalaste unas lecciones de vida increíbles, pero como dice nuestra profe de restauración, “olvidaste enseñarnos a continuar sin ti”. Qué difícil es asimilar tu marcha.

¿Sabes? Todavía conservo como tesoros las piedritas que me diste y que recogiste en la playa con tu hijo durante una mañana del verano pasado. Me emocionó tanto tu detalle que no pude evitar utilizar las preciosas conchas marinas que se colaron entre los guijarros para crear un cuadro con un mensaje especial para ti. Siguen en mi recuerdo tus saltos de alegría y el abrazo que me diste cuando te lo regalé, el cual acompañaste de una enorme sonrisa para preguntarme qué significaba el texto que estaba escrito en inglés. ¡Ay, florecilla! ¡Cuánto te vamos a echar de menos!

En recuerdo a Mª Paz Garde. DEP.

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