La magia de sentir que algo ya te pertenece

RETO Búsqueda de empleo en equipo. Día 10.

¿Alguna vez has hecho el experimento de sentir que algo ya te pertenece y finalmente has logrado que así fuera? Esta acción de sentir y actuar como si algo ya lo tuviéramos tiene un nombre y se llama ley de la asunción, que es diferente de la ley de la atracción porque pone el énfasis en manifestar, en sentir que algo ya lo hemos conseguido en lugar de simplemente desear que pase algo.

En el reto de hoy, los participantes tenían que empezar a actuar como si ya tuvieran un trabajo. En realidad, ya tienen uno que consiste en buscar su próximo reto laboral. Así que hoy debían madrugar, arreglarse, salir de casa y realizar la búsqueda de empleo en un entorno diferente al de su domicilio.

Aunque en estos días raros de pandemia y mascarillas no es fácil, sí que recomiendo salir, si es posible, aunque sea una o dos horas a una biblioteca o un centro cívico. Antes, las cafeterías tranquilas con WiFi solían ser una buena opción para llevar a cabo esta actividad y dejarse ver por amigos, familiares o conocidos. Desgraciadamente, en estos días ya no se puede acudir a ellas por las restricciones respaldadas por el estado de alarma, al menos en Navarra.

Llevamos un año complicado. Muy complicado. Cuando llegó el primer estado de alarma el 15 de marzo, teníamos la sensación de que vivíamos en una película donde nos convertíamos en los protagonistas. Ya no teníamos la libertad de movernos adonde quisiéramos, pero algunos teníamos como regalo todo el tiempo del mundo. Tiempo para leer, tiempo para cocinar, tiempo para organizar nuestra casa, tiempo para pasar con nuestros hijos, tiempo para ver películas y series, tiempo para nosotros mismos.

Mirábamos el mundo a través de la ventana intentando asimilar que el exterior ya no era un lugar seguro. Se nos dijo que debíamos refugiarnos en nuestras casas para evitar contagiarnos de un nuevo virus que se expandía a gran velocidad. Cantamos el Resistiré del Dúo Dinámico, aplaudimos a los sanitarios y deseamos con fuerza que todo saliese bien pintando un arco iris que adornase nuestra ventana.

El contacto con nuestros seres queridos se volvió prohibido. No podíamos quedar para vernos, pero al menos nos quedaba el consuelo de las video-llamadas con nuestros smartphones. Una vez que nos permitieron volver a quedar, los abrazos y los besos estaban prohibidos y se impuso una cercanía lejana de metro y medio. Las sonrisas quedaban ocultas tras las mascarillas. Las miradas de alegría eran el único consuelo y la única muestra de cariño que podíamos ofrecer a quienes tanto habíamos echado de menos. Y así fue como las miradas se volvieron más palabras y verbos que nunca.   

Ojalá pudiéramos aplicar la ley de la asunción con el coronavirus y que todos sintiéramos que el bicho muere y desaparece. Que utilizáramos la magia de esa ley, cerrásemos fuerte los ojos y cuando los abriésemos se hubiese hecho real. Mientras tanto, nos queda el consuelo de saber que se sigue avanzando en las vacunas y que esta situación no durará para siempre.

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